El Susurro de mis recuerdos
El Susurro de mis recuerdos
El día de mi último
cumpleaños contemple el susurro que trae consigo la infinidad divina, el
sentido del alma y la muestra de confiar en la sutileza de las sorpresas que
trae la vida, desde aquello que se puede ver y lo que no. Ahí estaba yo, contemplando
el significado y la madurez de la mujer hecha madre ya hace 10años.Esto era
maravilloso para una gran parte de mi alma que a la vez pedía un sentido más
profundo de mi propia existencia, y reclamando una realización completa. En ese
momento mi existencia cuestionaba el ir y venir de lo conocido y lo desconocido,
con alegrías y temores propios. De pronto, un día en el que debía ordenar mi
cuarto pensé en: ¿ Por qué no contemplar algunos objetos que había guardado
durante muchos años por su valioso significado para mí? Ahí, pensé en una famosa frase que había escuchado en
aquella fiesta de fin de año a un hombre y una chica que estaban sosteniendo
una conversación en un rincón muy
apartado, y el cual ni siquiera conocía. Lo que más recuerdo fue
que en un momento dado se les escucho en coro expresar por alguna razón también
desconocida: ¡Los anaqueles guardan secretos de vida! En ese momento miré mis objetos, uno era un
pequeño cuaderno viejo como una especie de diario que me había regalado mi bello padre cuando
cumplí los 8 años. Ahí, presencié un
flas back y recordé que mi padre y mi
madre me decían la Chunga. La chunga era una bailarina de ballet muy famosa de aquella época de origen
brasilero y el cual, yo solía
imitar. Haciendo y replicando su manera de bailar, todos y hasta yo en ese
momento sentíamos que sería una gran
bailarina o que quizá esa era una gran vocación o don que Dios me había dado y
que cuando grande la desarrollaría.
En ese momento,
sentí una corazonada y un nudo en la garganta que me llevaban a una reflexión profunda que retumbaba mi mente y
que me acongojaba. El tiempo había pasado, yo ya no era esa niña que mis padres
y ella misma pensaban que sería: ¡quizá una gran bailarina como la famosa Chuga! Aunque
eso no era exactamente lo que me inquietaba, por el contrario cada vez me hacía
pensar y reflexionar en qué nuestra vida conforme a lo que vamos viviendo,
vamos cambiando y madurando, respondiendo
a giros con cambios inesperados. Es que no podía olvidar como a los 17
años me había enamorado por primera vez de un hombre mayor que yo, que todas las mañanas me llamaba y me decía
con voz muy suave: ¡ Respiro y pienso en ti cada mañana! Aquel hombre me había
inspirado en la importancia del amor propio, el aprendizaje que nos falta cada
día y en una ilusión por vivir. También, recordé que en aquella época mi padre
mencionaba muchos refranes y contaba historias de sus antepasados y había unas
frases muy marcadas que repetía: ¡Nunca es tarde cuando la dicha llegué! ¡ Solo
la incomodidad nos lleva a mejorar!¡ Nadie vence aquel que no se rinde! Recuerdos maravillosos que
llevaron a confrontar mi propia historia
a través del tiempo y que le daban respuesta a muchos cuestionamientos. De
pronto tocaron la puerta me asusté un poco, la verdad estaba
inmersa en aquellos recuerdos, sin embargo fui abrir y no vi a nadie y en ese preciso
instante recordé el último sueño con
mi padre después de que él murió. En donde, me tocaba la puerta de mi
cuarto y yo le abría y nos dábamos un fuerte abrazo. Volví
a mirar los escritos y recuerdos de mi viejo cuaderno, cuando de pronto sonó el
teléfono. Fui y conteste, era un hombre que se había equivocado y lo curioso es
que cuando le pregunté su nombre era el mismo nombre de mi primer amor a los 17
años.
Respire profundo
tres veces y ahí, sentí una comprensión profunda sobre mí misma, sentí que el
toque de la puerta y la llamada equivocada era un mensaje muy sutil, en donde
podía ver a una mujer fuerte y madre maravillosa que podría seguir buscando un
camino para completar mi existencia y que ningún cambio sería en vano. De
repente sentí ganas de llorar y se me salieron las lágrimas , después sentí una
inmensa alegría, porque debía tomar grandes decisiones de cambio sin sentir
quizá miedo, ni pensar en ideas rígidas, era el momento de actuar, sin
cuestionar o dañar el amor propio, seguir ese camino de la infinidad divina, el
sentido del alma y la muestra de confiar en la sutileza de lo que te trae la
vida, desde aquello que se puede ver y
lo que no. Estaba segura de que había
sido clave para mí confrontarme con mi pasado y mi presente, sentir y vibrar
con recuerdos que se relacionaban con la configuración de mi identidad y sus
cambios y necesidades al pasar de los años.
Moraleja: Es la vida de cada ser un proceso
maravilloso, que se configura y debemos
afrontar, y que no es plana, tiene
distintos matices llenos de aprendizajes y búsquedas existenciales, que
necesitan ser vividas y reconocidas para poder avanzar. Es así como de manera
continua vamos tejiendo un camino, que podemos reinventar, en donde podamos resonar y llenar
de manera completa nuestra existencia. Nuestros recuerdos serán parte de nuestro presente y quizá una herramienta para
seguir avanzando con amor propio y por los demás.
Por: Alejandra María Castro Arboleda
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